University of Canterbury, Christchurch. (Nueva Zelanda / Aotearoa), por Carla
- Asociación de Lectores AECID
- Sep 26, 2023
- 3 min read
Updated: Jan 4, 2024
Año de lectorado: 2020 - 2022
Valoración de la experiencia con la universidad: 4/5
La School of Language, Social and Political Science en general y el Programa de Español en particular me recibieron fenomenal. Lxs compañerxs son geniales y hay un gran ambiente de trabajo en equipo. Desde el comienzo hubo confianza y apertura para discutir los cursos, clases y actividades complementarias que tendría que realizar a lo largo de los años del lectorado. La carga lectiva se ajustó a las 14 horas semanales, siendo en algunos semestres algo mayor o menor. Los cursos que enseñé y coordiné fueron del primer año, (A1, A2) del segundo año (B1, B2) y un curso de verano sobre cultura de los países hispanohablantes. He de resaltar el periodo de no-clase (“vacaciones”) de las que se puede disfrutar gracias a que el calendario universitario está diseñado de tal forma que cada 6/7 semanas haya 2/3 de parón. Más el tiempo entre semestres y el parón en verano al final del curso.
Siempre estuve apoyada por mis compañerxs y fue un placer total trabajar con ellxs los tres años. El estudiantado es maravilloso, disfruté y me divertí en cada una de las clases que impartí.
El único aspecto negativo de mi experiencia con la universidad fue a la hora de recibir los “pagos por el alojamiento”. Estos dependían del Departamento de Finanzas, debían ser hechos cada 10 semanas y siempre me pagaron tarde. Fue desesperante y frustrante.
Valoración de la experiencia con la AECID: 4/5
Cumplieron puntualmente con lo estipulado en el contrato. No tuve apenas contacto con ellxs más que para lo imprescindible, pero cuando los necesité me apoyaron y me intentaron ayudar dentro de sus competencias. He de resaltar que Nueva Zelanda cerró sus fronteras en el 2020 y no las volvió a abrir hasta el 2022, con lo que la “ayuda de incorporación de 1500€” no la pude disfrutar los dos primeros años ya que no pude salir del país. Mis correos preguntando por la posibilidad de poder acceder a esa ayuda aún sin salir de Nueva Zelanda quedaron en el olvido.
Valoración de la experiencia con la embajada de España en el país de destino: 2/5
Prácticamente nula. No hubo colaboración a nivel personal con la embajada.
Características del lugar del lectorado:
La universidad es un lugar acogedor y diverso que promueve un ambiente cómodo y distendido de enseñanza-aprendizaje. Lxs estudiantes son cercanxs y agradables lo que hace que ir a trabajar sea una actividad placentera. Ahora bien, Christchurch/Otautahi, la “ciudad”, es otro tema aparte. El aspecto positivo que recupero es su ubicación, lugar perfecto del que salir rápidamente a explorar la inmensa y cautivadora belleza de la naturaleza de Te Wai Pounamu/ La isla sur. El resto, para mí, son todo grises sobre la ciudad tal vez influenciados por los años de pandemia que viví en ella. Christchurch es blanca, conservadora y racista. Lucha por recuperase aún del terremoto de hace más de una década y por recobrar algo de alma y espíritu. Excesivamente cara, como el total del país. Personalmente no me alcanzaba para ahorrar prácticamente nada a fin de mes. Plagada de coches y con un clima gris, ventoso y lluvioso. Ambiente enrarecido en general. ¿Vida cultural? ¿Escuché vida cultural? Pues eso. La nada misma. Es tremendamente aburrida y plana: un lugar ideal para criar hijxs y no cuestionarse nada más en la vida.
Otros comentarios y observaciones:
Ahora bien, voy a hacerle justicia a mis años en Aotearoa manifestando mi profundo amor, admiración y respeto por estas tierras que me abrieron los brazos y acogieron cálidamente. En especial a sus tangata whenua, sus habitantes de la tierra, los maoríes y sus inagotables luchas y reivindicaciones fuente de sabiduría y ejemplo resiliencia. Aotearoa es mágica porque ellxs la cuidan, la protegen, la escuchan y la defienden. Aotearoa está más viva que nunca y camina hacia una mayor diversidad, inclusión y derechos gracias a ellxs.
Tuve la suerte de poder viajar y perderme sin reloj en cada rincón de ambas islas con calma, con las fronteras cerradas, sin turistas. No me alcanzan las palabras para describir la belleza de las maunga (montañas) y los awa (ríos), del moana (océano), de los lagos, los volcanes y glaciares y el verde eterno allí donde quiera que camines. Es un paraíso sensorial que rebosa vida y aventura. Uno de esos lugares que se queda en ti, grabado a fuego, para siempre y del que nunca vas a
poder volver del todo.
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